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Familias de Tierras Blancas comienzan lenta construcción de casas incendiadas

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Crédito fotografía:  Lautaro Carmona
La madrugada del 09 de diciembre del año pasado el fuego consumió tres viviendas y una panadería, oportunidad en que las familias que residían allí quedaron con lo puesto. Han estado recibiendo apoyo del municipio principalmente, pero volver a levantarse les ha sido complicado.

La madrugada del jueves 09 de diciembre del 2021 fue un día fatídico para las familias de tres viviendas y los trabajadores de una panadería que terminaron consumidas por las llamas en un incendio que solo les permitió escapar con lo puesto para poder salvar sus vidas, hecho que ocurrió en el sector de Tierras Blancas en Coquimbo.

Desde ese día sus vidas cambiaron para siempre y a pesar de todos los esfuerzos y las ayudas que han recibido, no han podido reincorporarse, reconstruir sus casas ni volver al lugar en donde han vivido por años y décadas.

Si bien una de las familias ya ha comenzado la reconstucción de su vivienda, esperan pronto poder volver al lugar, puesto que desde el incendio están repartidos como allegados con sus familiares.

Explican que el proceso ha sido lento, pero que han puesto todo su empeño y esfuerzo para poder reconstruir y volver a residir bajo un mismo techo.

El grupo está compuesto por una madre, su hija que pronto dará su examen de título y el abuelo de la familia, de 88 años, al que lograron rescatar el día de la tragedia.

“Al principio se recibió harta ayuda de parte de los vecinos, la iglesia, familiares, la municipalidad y ahora ya estamos en la construcción de nuestra vivienda, de a poquito está tomando vida nuestra casa, todavía falta mucho sí, pero esperamos volver pronto, volver a vivir acá”, señala Tomasa Alcayaga, una de las afectadas y quien tiene más adelantada su casa.

Si bien no tienen una fecha para poder terminar la construcción, confiesa que cada 15 días se dan un plazo y piensan que falta poco, pero saben que aún queda bastante para que la obra definitiva esté terminada.

El día del incendio debieron sacar desde la vivienda a su padre de 88 años de edad para evitar una tragedia mayor, el que por el momento está con otra de sus hijas. “Ha tenido días buenos, días malos, porque el tiempo como que se nos ha hecho eterno estos dos meses, lo único que deseamos es volver pronto a la casa”, declara.

Si bien la junta de vecinos del sector había iniciado una campaña para conseguir materiales de construcción, los vecinos dicen que la cruzada no funcionó y denuncian que inescrupulosos que han visto que los restos, escombros y residuos los han debido dejar en el frontis de los domicilios quemados para que sean retirados, durante la noche llegan a botar desechos desde sus casas.

“Nosotros hemos visto a personas que vienen en la noche a arrojar basura acá, no entienden que a estas familias se les quemaron las casas y lo perdieron todo, no hay conciencia de nada”, mencionó Carlos Polanco.

En tanto, para María Lecaros la tragedia no solo marcó a las familias que lo perdieron todo, sino que “también a los vecinos que han visto cómo luchan para volver a levantarse. Nunca había ocurrido un incendio tan terrible por estos lados, tuvieron un fin de año bastante triste”.

De paso, pide que vuelvan a enviar los camiones de la municipalidad para que retiren los escombros o terminará transformándose en un basural por la inconsciencia de algunos.

De todas formas, ayer se les avisó a las familias desde el municipio que ya estarían los recursos para materiales de construcción que se les aportará y que serían del orden de los 700 mil pesos, lo que reconocen le servirá mucho.

Camila Rojas, otra de las residentes afectadas por el incendio, reconoce que han sido días duros. En su caso está terminando su carrera de fonoaudiología. “Ha sido difícil, pero terminé la práctica antes de lo ocurrido y me queda dar solo mi examen de grado. Fue complicado, porque en el incendio perdí todos mis materiales de estudio, lo que utilizaba para hacer algunos pequeños trabajos también, pero de a poco he recopilado material con mis compañeros para rendir el examen. La municipalidad me regaló un computador y eso me sirvió harto”, dijo.

En el caso a los trabajadores de la panadería que se quemó junto a las tres casas, éstos han ido buscando nuevos rumbos laborales por el momento, ya que no hay claridad si volverá a abrir sus puertas.

El de mayor edad que allí laboraba, Raúl Lemus (75), que tenía a cargo el recinto, pero no era propietario legal, decidió reabrir la Fritanguería Deyanira, que es el nombre de su nieta. Allí, expende papas fritas, completos, chaparritas, bebidas y variados helados, pero se encuentra en plena campaña de difusión de su pequeño emprendimiento, el que había iniciado antes de la pandemia.