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Manchas y lesiones vasculares: el efecto acumulativo del verano que emerge en abril

Manchas y lesiones vasculares: el efecto acumulativo del verano que emerge en abril

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Tras meses de alta exposición solar, calor intenso y cambios en las rutinas de cuidado, la piel del rostro comienza a evidenciar en otoño las consecuencias acumuladas del verano. Manchas, enrojecimiento persistente y pequeñas lesiones vasculares que suelen aparecer o intensificarse en este periodo, muchas veces sin que las personas logren identificar su origen o gravedad.

Especialistas coinciden en que abril marca un punto de inflexión. Con la disminución de la radiación ultravioleta y el retorno a dinámicas más estables, se abre una ventana ideal para evaluar y tratar alteraciones cutáneas que, durante el verano, tienden a pasar desapercibidas o se normalizan erróneamente.

De acuerdo con Stephania Ormeño, kinesiologa dermatofuncional de Clínica Estética Elysian, «las manchas pigmentarias, como léntigos solares o melasma, son una de las consultas más frecuentes en esta época. A ellas se suman las lesiones vasculares, como telangiectasias o cuperosis, que se manifiestan como pequeñas venas visibles o enrojecimiento difuso, especialmente en zonas como mejillas y nariz. Uno de los principales desafíos es que muchas de estas alteraciones no generan dolor ni molestias inmediatas, lo que retrasa su evaluación y diagnóstico. Sin embargo, su progresión puede complejizar tratamientos futuros o requerir intervenciones más prolongadas si no se abordan a tiempo».

En este contexto, el otoño no solo favorece el diagnóstico, sino también los tratamientos. La menor exposición solar reduce riesgos de hiperpigmentación postinflamatoria y permite utilizar tecnologías que durante el verano suelen evitarse.

 «Lejos de responder únicamente a una preocupación estética, la evaluación de la piel en esta etapa también cumple un rol preventivo. Detectar a tiempo ciertas lesiones permite descartar condiciones más complejas y diseñar estrategias de cuidado personalizadas», comenta la especialista.

Además, la profesional recomienda observar señales específicas tras el verano: cambios en el tono de la piel, aparición de manchas nuevas, enrojecimiento persistente o sensibilidad localizada. Estos indicadores pueden ser clave para una evaluación temprana.