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Obesidad: Una nueva pandemia que urge tratar en Chile

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Una perspectiva multidisciplinaria, que aborde la realidad de cada paciente, además de promover el acceso a la comida saludable y restringir el acceso a la comida chatarra, junto con desterrar creencias que traspasan toda la responsabilidad a los pacientes, serán claves para combatir una enfermedad que ha sido declarada una pandemia silenciosa

Cada año cobra la vida de más de 4 millones de personas y en nuestro país, afecta a un 31.2% de la población y ha sido calificada por varias organizaciones mundiales como una nueva pandemia.

El creciente avance de la obesidad y el sobrepeso a nivel mundial tiene dentro de sus principales causas, un aumento progresivo en la ingesta de alimentos con alto contenido calórico, acompañado de una disminución en la actividad física, producto de un modo de vida sedentario, trabajos y ocupaciones que requieren permanecer mucho tiempo sentados, además de la urbanización creciente y un mayor acceso al transporte.

Precisamente, este jueves 4 de marzo, los diputados Gonzalo Fuenzalida y José Miguel Castro presentaron el proyecto de ley que busca declarar a la obesidad como una enfermedad, permitiendo que esta condición ingrese al programa GES (Garantías Explícitas de Salud), sumando otro avance en su combate y el tratamiento, de la misma manera en que la cirugía bariátrica forma parte del Bono PAD (Pago Asociado a Diagnóstico).

Lo anterior, gracias al trabajo de organizaciones como 300 Mil Mórbidos, agrupación que reúne y representa a pacientes con obesidad y obesidad mórbida a lo largo del país. Su presidenta, Soraya Flores, manifiesta que “nosotros estábamos escondidos bajo la alfombra y el tema de raíz no se había podido visibilizar. La obesidad lleva consigo muchas comorbilidades, como la hipertensión, la diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares o cáncer”.

Necesidades de los pacientes

La pandemia y las medidas de confinamiento y restricciones a la movilidad acentuaron las necesidades que viven día a día los pacientes con obesidad y obesidad mórbida. 300 Mil Mórbidos presentó el pasado jueves 4 de marzo, los resultados de una encuesta nacional, efectuada a más de 900 pacientes, un instrumento que busca actualizar la información disponible sobre la enfermedad, considerando que la última investigación de este tipo se efectuó en 2017.

Dentro de las principales conclusiones, detalla Flores, está que un 84% de los pacientes ha buscado algún tipo de ayuda para los problemas relacionados con su enfermedad y de este total, sólo el 52% declara haber recibido efectivamente alguna ayuda. Junto con ello, el 93% de los encuestados manifestó haberse sentido estigmatizado, en tanto que un importante porcentaje de los consultados señaló que esperó un tiempo promedio de 5 años antes de recibir atención en el sector público de salud.

Flores comenta que “suele suceder que, al recurrir un paciente a un Cesfam, ellos no son empáticos, te estigmatizan, no son tan acogedores como uno necesita y entonces las personas no vuelven, debido al trato que reciben. Es por ello, que hay que seguir educando que la obesidad es una enfermedad crónica y, además, que el trato a los pacientes, tanto en las clínicas como en el sector público, debe ser empático y sensible”.

Para los pacientes con obesidad mórbida, una de las soluciones que les permite acceder a una mejor calidad de vida y un mejor estado de salud, es la cirugía bariátrica que, durante este mes de marzo, será incorporada por Fonasa al Bono PAD (Pago Asociado a Diagnóstico). Dicho beneficio permitirá que, para una cirugía bariátrica por bypass gástrico, cuyo valor total es de $5.737.289, el paciente pague $2.868.640 y el resto será cubierto por Fonasa. En tanto, si se debe realizar una manga gástrica, cuyo valor es de $5.224.540, el paciente pagará $2.612.270 y Fonasa el otro 50%.

Sin embargo, la cirugía no es una solución por sí sola. Como señala Soraya Flores, “no es llegar y operarse. Uno debe seguir el pre operatorio, el durante y el post, porque no es fácil seguir solos este camino, ya que el paciente debe cambiar el chip, ya que también hay un tema psicológico”.

Desmitificar la obesidad

Para Soraya Flores, es fundamental acabar con los estigmas en torno a la obesidad y obesidad mórbida: “No es que nosotros estemos todo el día comiendo, sino que la obesidad tiene relación con muchas condiciones, como problemas metabólicos, genéticos, psicológicos, sociales, porque lamentablemente la comida saludable es muy cara y en los sectores más vulnerables no tienen acceso a eso”.

Soraya ejemplifica con su propia historia personal, al relatar que “luego del embarazo de mi primer hijo, quedé con seis kilos de más y luego, con el embarazo de mi segunda hija, quedé con cinco kilos de más. Un nutricionista me recetó unas pastillas para bajar de peso, pero tuve un efecto rebote y nunca más pude volver a bajar de peso”.

Luego de dicha situación, Soraya tuvo que pasar por muchos médicos, hasta que el Dr. Rafael Luengas, médico cirujano, la atendió e indicó la necesidad de acudir a un equipo multidisciplinario, con nutricionista, nutrióloga, psicólogos. “Me ordenaron muchos exámenes, debido a que mi organismo estaba enfermo. Es muy importante que los pacientes con obesidad estemos acompañados de un equipo multidisciplinario, porque nuestra condición se relaciona con desórdenes metabólicos o condiciones como el hipotiroidismo”.

Dicha visión es reafirmada por María José Escaffi, médico internista, especialista en nutrición clínica y docente universitaria, quien explica que “en general, la responsabilidad del paciente es nula. Muchas veces se dice que es el paciente quien no tiene voluntad, pero el paciente quiere comer en mayor cantidad o con mayor densidad energética, debido a un desbalance hormonal, químicos o de neurotransmisores, o tiene adicción a ciertos ultra procesados, pero se confunden muy fácilmente estos problemas con la voluntad del paciente”.

Relación con otras enfermedades

Si bien la pandemia acentuó los problemas que viven los pacientes con obesidad, es una situación que siempre ha afectado a gran parte de la población chilena.

María José Escaffi coincide con dicha visión y explica que “desde antes de la pandemia, Chile ya era el país con mayor tasa de sobrepeso y obesidad en la OCDE. Entonces, no se le puede echar la culpa a la pandemia, porque era un problema que era menos considerado porque no moría nadie. Nuestro país ya estaba enfermo desde antes. En cambio, ahora se hizo más patente, porque los pacientes que tienen peor pronóstico con Covid son aquellos que tienen obesidad”.

Lo anterior, pues la obesidad es una enfermedad que va asociada a un sinnúmero de otras condiciones que se agravan y complican, como la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares, además de algunas otras relaciones menos conocidas.

Escaffi explica que “hay una correlación descrita de trece tipos de cáncer y pacientes que portan obesidad, también está la relación directa entre obesidad e infertilidad, muchas parejas que buscan embarazos y un factor importante es la obesidad. Además, hay disbiosis o cambio en el microbiota intestinal, esteatosis hepática, lo que explica que muchas de las cirrosis hepáticas ya no tengan que ver con alcoholismo, sino que con hígado graso”.

Es por ello, que la obesidad debe ser abordada de manera multidimensional e integral, desde la arista de la actividad física, nutricional, nutriológica y psicológica, con médicos internistas, psicólogos y especialistas en obesidad, con una evaluación caso a caso y un seguimiento en el tiempo.

Bárbara Zepeda, nutricionista del Consultorio Adosado de Especialidades (CAE) del Hospital San Juan de Dios de La Serena, complementa señalando que “la obesidad es un estado inflamatorio constante, lo que aumenta aún más la exposición a dificultades respiratorias, más aún si va acompañada de situaciones como el consumo de tabaco o falta de actividad física”.

Abordaje interdisciplinario

Zepeda agrega que, en el recinto de salud de la capital regional, la apuesta es por un abordaje interdisciplinario de la obesidad, que integre una perspectiva desde la salud mental, a través de disciplinas como la psico nutrición, que abarca la relación entre las emociones y la forma en que las personas se alimentan.

Asimismo, la especialista del Hospital de La Serena manifiesta que la pandemia sí influyó en situaciones como la disminución en la actividad física, debido a las medidas de confinamiento y a una baja en la calidad de la alimentación, situación contradictoria si se piensa que, por pasar más tiempo en casa, existía mayor tiempo para cocinar alimentos saludables.

“Con la pandemia, aumentó el acceso a comida rápida, mediante aplicaciones de delivery lo que, sumado a la falta de actividad física, son dos de los cambios más importantes en las rutinas de las personas. Además, nos vino a mostrar que las personas con obesidad corrían más riesgos de complicaciones producto del Covid-19”, explica Zepeda.

La especialista agrega que “las personas estuvieron sometidas al teletrabajo y, aun así, no tuvieron tiempo para cocinar. El teletrabajo afectó mucho la higiene del sueño, a dedicar un tiempo a comer, porque pierdes la noción de tiempo. Además, muchas personas perdieron sus rutinas de sociabilización y actividad física, lo que disminuye el estrés”.

En esta dirección, es fundamental que las personas retomen o establezcan rutinas de alimentación saludable y ejercicio, sobre todo en momentos en que las medidas del Plan Paso a Paso han permitido volver prácticamente a la normalidad: “Es posible volver a los gimnasios, salir a realizar actividad física, además, podemos realizar una alimentación más consciente, de los sabores, olores y texturas, poniendo atención a lo que consumes, compartiendo con tu familia y evitando comer frente a pantallas”.

Acceso a la alimentación saludable

La clave en la prevención de la obesidad y el sobrepeso es una alimentación saludable, sin embargo, en nuestro país, el acceso a una dieta equilibrada es limitado, sobre todo en aquellos sectores socio económicos de menores ingresos. Dicha realidad, sumada a la alta disponibilidad de comida chatarra y comida rápida, en almacenes, supermercados y en los kioskos de los colegios, confabulan contra la alimentación saludable y una dieta equilibrada.

De acuerdo con el estudio Análisis de Gasto en Alimentación de Los Chilenos, efectuado por el programa Elige Vivir Sano, publicado en febrero de 2020, el 96,3% de los hogares del país consume pan, el 73,9% consume bebidas gaseosas y el 63,2% consume carne de vacuno. Asimismo, se establece que un hogar en Chile destina un promedio de $15.302 mensuales a la compra de bebidas no alcohólicas (jugos o gaseosas) y $10.027 a bebidas alcohólicas.

Sin embargo, con esos mismos $15.000 destinados a la compra de bebidas, de acuerdo con la misma investigación, se podrían comprar, en La Vega de Santiago, 2 kilos de plátanos, un kilo de naranjas, cinco cebollas, dos kilos de manzanas verdes, dos kilos de tomates, un kilo de porotos, dos kilos de manzanas rojas, tres lechugas costinas y un kilo de lentejas.

Es por ello, que es esencial mantener una alimentación equilibrada, lo que, de acuerdo con Bárbara Zepeda, no significa mantener dietas restrictivas, sino que realizar recetas que integren proteínas, carbohidratos y grasas saludables, aumentando el consumo de fibras, sobre todo verduras y frutas, además de la actividad física.

Por su parte, Soraya Flores concluye manifestando que “nos bombardean con comida chatarra, con comida barata, que está mucho más al alcance de las personas. Es por eso, que es necesario que los precios de la comida saludable bajen. Pero para eso, debemos seguir educando, orientando y trabajando. Las políticas públicas recién están tomando conciencia, con el etiquetado de alimentos, pero no hemos tenido una solución drástica, de raíz. Necesitamos que nos faciliten la vida, sobre todo a las personas de menores recursos, para que puedan acceder a la comida saludable”.