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Las luces y sombras de “Cabeza de Lápiz”, popular personaje de La Serena

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Miguel Ortiz Lillo ingresó la noche del miércoles a emergencias del Hospital local como paciente indocumentado, falleciendo a las pocas horas. Ortiz será recordado por sus increíbles historias de fantasía y su vestimenta estrafalaria. Además, por una serie de hechos policiales en los que se vio involucrado en los últimos años.

 Probablemente, si hablamos del fallecimiento de Miguel Ortiz Lillo (57), pocos sepan de quién se trata, pero si lo nombramos por su famoso apodo, “El Cabeza de Lápiz”, la mayoría de los serenenes sabrán que nos referimos a uno de los personales más conocidos de la ciudad.

Ortiz Lillo murió este jueves, luego de ingresar a emergencias del Hospital de La Serena durante la noche del miércoles como un paciente indocumentado.

Se mantuvo como “N.N.” hasta la tarde, cuando los exámenes dactilares corroboraron su identidad. En cuanto a la causa de su muerte, desde el Hospital de La Serena indicaron a través de un comunicado que esta se mantendrá en reserva, por respeto al paciente y al derecho a la intimidad de su familia.

Según relatan algunos cercanos, Ortiz había estado viviendo en la calle en el último tiempo, mostrando un estado de salud bastante deteriorado, lo que habría generado su deceso.

La noticia causó hondo pesar en las personas que conocieron al icónico personaje, uno de luces y sombras, que sobresalía por su personalidad, estatura y estrafalarias ropas, así como sus múltiples historias.

En las calles de La Serena

En la década de los ‘90 no era raro verlo en las calles del centro de La Serena, vestido de tenida formal y lentes oscuros, afirmando que era un funcionario de la PDI. En otras oportunidades utilizaba un traje de motorista, con casco incluido, sin tener siquiera una motocicleta en esos tiempos. También se le vio con ropa de militar y de aviador.

Su figura nunca pasaba desapercibida, además, aparecía en todos los lugares de reunión de los jóvenes de la época, como la Plaza de Armas, la discoteca Burbujas, la exestación, el Play Center y en las botillerías de la Avenida Francisco de Aguirre.

Quienes no lo conocían y escuchaban sus historias, con tantos detalles y con una convicción que no dejaba espacio para dudas, le creían y se sorprendían cuando alguien les advertida que lo más probable es fueran algunas de sus mentiras.

“El Cabeza de Lápiz” estudió en el Liceo Gregorio Cordovez y era hijo de una destacada profesora municipal. Se desempeñó también en varios oficios: guardia, comerciante, guardaespaldas, temporero, artesano e incluso profesor de surf.

Uno de sus amigos, Juan Carlos Flores, dice que lo conoció en la época del Liceo a finales de los ‘80 y en esos tiempos ya tenía la personalidad que todos recuerdan.

“Yo vivía cerca de la casa de su abuelita en la población de los empleados públicos, así que nos juntábamos siempre. Él tenía una familia normal y muy distinta a lo que proyectaba. Su madre y su abuela lo querían mucho, era el regalón de la casa y lo consentían en todo”, afirma su excompañero.

Flores agrega que ha escuchado múltiples historias de porqué tenía esa personalidad. Algunos decían que se debía al consumo de drogas y otros afirmaban que se había vuelto loco por el amor de una mujer.

“La verdad que desde chico fue así. Tenía unas historias muy fantásticas, las contaba sin que sospecharas que eran mentiras, con su voz ronca y tenía muy buen vocabulario. Por eso también le iba bien con las mujeres, era muy entrador y todas mujeres que tuvo eran muy lindas y de buena situación económica. Eso incluso le duró hasta hace poco, porque me lo encontré y me presentó a su novia, una gringa muy guapa y con la que se iba a ir a vivir al valle de Elqui. Bueno, eso me dijo, quizás era una de sus mentiras”, ríe Flores, agregando que Ortiz era muy entretenido, por lo que siempre era el centro de atención en las reuniones de amigos y muy querido por todos.

Otra de las personas que habló del fallecido personaje fue el exvocero del Gobierno Regional, Cristian Martínez, quien lo conoció como todos, en el centro de La Serena.

“Trabaja en el Play Center en esos años y uno de los personajes que pasaba metido en el lugar era el famoso ‘Cabeza de Lápiz’. Recuerdo que antes de que salieran los celulares Nokia, ya tenía uno de palo y hablaba. Lo que conocí de él, era un loco lindo, pero más allá, de cómo fue su vida, no puedo referirme”, señala el exseremi.

Paola Castro afirma que a principios de los ’90 era habitual verlo en las discotecas del centro de La Serena.

“Era guardia en varias de ellas y nos dejaba pasar gratis. Una vez incluso nos salvó, junto a unas amigas, de unos tipos que nos estaban siguiendo. De repente no sé de dónde aparece Miguel y salió correteándolos. Después con el tiempo siempre lo vi en la Villa El Parque y nos saludábamos muy amablemente. Luego comencé a saber que estaba un poco loco y acosaba algunas niñas, no me consta, conmigo siempre fue un siete”, sostiene Castro.

Acusaciones en su contra

Muchas personas en redes sociales criticaron que se le entregara tanta relevancia a la muerte de Miguel Ortiz y se omitieran diversos problemas judiciales en los que se vio envuelto. Esta misma situación, llevó a varios personeros a restarse de entregar su opinión sobre el mítico personaje.

En este contexto, salieron a relucir antecedentes de una denuncia interpuesta por una expareja y madre de uno de sus hijos, sobre una violación en el año 2010, situación por la que Ortiz fue detenido y se mantuvo recluido un buen tiempo en la cárcel de Valparaíso.

Otro de los hechos policiales en los que se vio involucrado fue el secuestro y homicidio frustrado contra una persona en el sector de la Ruta Antakary, en Vicuña, en el año 2014.

“El Cabeza de Lápiz” junto a otros dos sujetos, acusaron a un trabajador del fundo donde se desempeñaban, de haber abusado sexualmente del hermano de 4 años de uno de ellos.

Por este motivo, Ortiz y sus dos compañeros subieron al sujeto a una camioneta y posteriormente le dieron una golpiza, luego lo desnudaron y lo ataron de pies y manos. Lo amorzadaron y lo lanzaron al suelo para atropellarlo con el vehículo en que se trasladaban.