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The Stone Roses: una obra maestra de arrogancia y genialidad que cumple 33 años

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El disco debut de la banda inglesa “The Stone Roses” fue publicado el 02 de mayo en 1989. El álbum definió la escena musical de la época y hoy ya es legendario.

Hace 33 años, llegaba a las tiendas de discos del Reino Unido el debut homónimo de “The Stone Roses”. La banda, originaria de Mánchester, estaba decidida a ser un parteaguas en el sonido de la época. Y argumentos no les faltaban. Con una mezcla de psicodelia y ritmos bailables, el álbum los catapultó al estrellato de la escena indie inglesa.

Y la banda sabía que no podía ser de otro modo. La voz de Ian Brown, la guitarra de John Squire y la base rítmica irresistible del bajista Mani y el baterista Reni, dejaban claro que nada sonaba igual a ellos en esa época dominada por los teclados y los sintetizadores. Al menos, claro, que se rastreara en los 60, en la época de The Byrds y The Beatles, clara influencia de su sonido.

Con The Smiths en proceso de separación, The Stone Roses se convirtió en el nuevo fenómeno musical de fines de los 80 y en los artífices de la definición del sonido «Mádchester» y la cultura rave.

Una historia de hedonismo

Desde la primera canción, las intenciones de la banda quedaban claras. “I Wanna Be Adored” inaugura el disco con su sonido creciente y acechante, que llega a su punto máximo con el vocalista Ian Brown proclamando su deseo de “ser adorado”.

Y es que esa era la esencia de la banda: arrogancia y deseo de pasarlo bien. De hecho, el mismo vocalista declaraba en cuanta entrevista le hicieran que “The Stone Roses” era “la mejor banda del mundo”, algo replicado algunos años después por Liam y Noel Gallagher respecto a Oasis.

La segunda canción, “She Bangs the Drums”, continuaba esa senda hedonista. “El pasado fue tuyo, pero el futuro es mío” proclamaba una de las líneas del tema. Y en ese momento, eso parecía ser cierto. La banda había iniciado sus andadas apenas unos 6 años antes y se había abierto las puertas a sí misma valiéndose solo de su talento.

Después de publicar su primer demo y dar su primer concierto en 1984, a la banda le comenzó a llover propuestas de contratos de representación. Se decidieron por Howard Jones, quien había sido gerente de la mítica The Hacienda. Al año siguiente, comenzaron las grabaciones teniendo como productor a Martin Hannett, que había trabajado con Joy Division, pero no les convenció el sonido. Fue con Peter Hook, bajista de New Order, y John Leckie en las perillas con quienes finalmente vio la luz su ansiado debut.

El disco homónimo continúa su senda con el tercer tema, “Waterfall”, de aire melancólico y ensoñador, pero con una base funkie que hace que el ritmo se te meta por los poros. Otras canciones imprescindibles son “Made of Stone”, single de 1989, y “I Am The Resurrection”, ultimo sencillo del disco, lanzado en 1992 y en el que Brown proclama, sin mayor trámite, su propia divinidad.

La divinidad autoproclamada duró poco. Luego del genial debut, la banda se enfrascó en líos contractuales que terminaron por desgastarlos y vetarlos legalmente.

“Nos inhabilitaron por dos años y medio. No podíamos hacer conciertos ni discos. Era peor que envolver caramelos en una dulcería. Terminamos no haciendo nada o ensayando a veces, pero no podíamos mostrarlo. Perdimos el momento de atención”, refirió el bajista Mani en una entrevista del documental “Seven Age of Rock” de 2007

La banda regresó en 1994, en pleno auge del britpop, con un segundo trabajo “Second Coming”, pero ya no era lo mismo. Las críticas fueron mixtas y el nuevo álbum se vendió poco. Dos años después, se separaron.

Legado

Con intención o no, The Stone Roses sí marcó un hito que influyó el camino de la siguiente generación de bandas como Oasis, Blur, Franz Ferdinand o Kasabian. Músicos como Noel Gallagher o Alex Kapranos los ubican como una influencia directa en sus trabajos.

Una encuesta de la revista británica The Observer Music de 2004 ubicó al álbum como el mejor LP británico de la historia por encima de The Beatles o The Rolling Stones. Es innegable el valor musical y cultural de este disco que, aunque haya sido un solo momento épico, fue suficiente para convertirse en un ícono generacional.